Lucía Miranda: “Mi trabajo como dramaturga me permite vivir vidas muy diferentes y estar en lugares increíbles”

La directora de escena y dramaturga Lucía Miranda imparte una conferencia abierta al público este miércoles 31 de mayo dentro del programa Campus MAPAS en el Teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria.

 

La dirección escénica de profesionales y no profesionales es una de las debilidades de Lucía Miranda: quien aparte de dirigir, también escribe y enseña. La artista vallisoletana confiesa que ama escribir aunque lo sufre bastante. Tal y como adelanta en esta entrevista, su trabajo como dramaturga tiene mucho de periodista y de antropóloga.

 

– En la conferencia que ofrecerá en Campus MAPAS plantea transportarnos a aulas de instituto y de colegio, a una fábrica de harinas, un parque, un hospital, también a grandes teatros… Todo eso sin movernos del Teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Cómo será posible? ¿Qué nos puede adelantar?

La idea del viaje por todos estos lugares tiene que ver con el tipo de teatro que hago donde la comunidad se sitúa en el centro y las historias nacen desde ahí, desde ellos. En MAPAS hablaré de cómo las historias y las personas están íntimamente ligadas a los espacios y cómo el teatro que hacemos desde la compañía, tiene que ver con eso, con vincular las historias a los espacios y con convertir cualquier espacio, no solo un gran teatro, en un lugar escénico.

Históricamente, cuando se ha hablado de teatro comunitario siempre se le ha situado en centros cívicos o en lugares más pequeños, con menos posibilidades, y creo que uno de los grandes cambios en los últimos años es poder poner este tipo de teatro y este tipo de historias en los grandes teatros, llámese Centro Dramático Nacional o Teatro Lliure.

 

– ¿De qué manera valora el énfasis que MAPAS pone en impulsar y dinamizar el sector cultural en las islas a través de la formación de las/os profesionales?

Creo que el trabajo que se está haciendo desde MAPAS para impulsar y dinamizar el sector cultural en las islas es envidiable. Las y los profesionales de las islas no pueden acceder al mismo tipo de propuestas que se generan en Madrid o Barcelona, por lo costoso que son las giras y la dificultad que hay para el intercambio entre profesionales.

Creo que ese énfasis que está poniendo MAPAS en llevar a profesionales y hacer que esos encuentros se produzcan, va a ser muy fructífero en un futuro porque seguramente picará el gusanillo y abrirá posibilidades a los profesionales de allá pero también a los profesionales de acá que nos encontraremos con los isleños y descubriremos otras maneras de hacer que no solo son Madrid y Barcelona.

 

– ¿Qué opinión le merece la aportación que hacen los mercados profesionales, como es el caso de MAPAS, en la necesaria promoción internacional de artistas y compañías? 

Hay una gran diferencia entre MAPAS y otro tipo de mercado y es ese vínculo con el Atlántico Sur y la llegada de programadoras y programadores de América Latina o de África. Eso es algo bastante envidiable que en otros mercados no se puede encontrar. Esos vínculos en coproducción y en exhibición tanto con América como con África son súper necesarios y es un lujo que se estén llevando a cabo.

 

– Tiene una manera muy personal de entender y hacer teatro, ¿cómo definiría su proceso creativo?

Mi proceso creativo siempre parte de un conflicto -que tengo yo normalmente- y que quiero poner en relación con los demás. Siempre parto de una pregunta que tiene que ver con no entender algo de la vida y preguntarme: ¿cómo entenderán esto, cómo vivirán esto otras partes de la sociedad y del mundo?, de poner esa pregunta o conjunto de preguntas en común no con otros artistas sino con colectivos y grupos que pueden ir desde niñas y niños, adolescentes hasta personas mayores, con diversidad funcional, etc. 

Una vez en ese punto, ahí sí invito a otras y otros creadores, ya sean diseñadores de luz, escenografía, vestuario, actores, compositores a preguntárselo conmigo y a hacer un espectáculo todos juntos. Es un proceso profundamente colaborativo, un proceso muy cuidado, largoplacista y muy democrático en el sentido de que parte de muchas preguntas, de escuchar a muchas personas diferentes y de ponerlo todo en común.

 

-¿Nos puede introducir al término ‘arte-educación’ al que hace referencia en numerosas ocasiones?

El término arte-educación (‘teaching artist’) lleva en los países anglosajones treinta o cuarenta años y en España ha empezado a coger fuerza en los últimos cinco años con programas como Audaces o Proyecto Ornitorrinco, junto a la aparición de los departamentos educativos de los teatros. Pongo mucho énfasis a este concepto porque mucha gente del mundo de la creación no lo conoce. Para mí un arte-educador es un profesional que se dedica a los proyectos creativos de manera profesional, llámese actor, coreógrafo, director, compositor… Un profesional de las artes escénicas que dedica una parte de su tiempo a la educación y a los entornos educativos. No me refiero a artistas que cuando no están creando se dedican a dar clase a otros profesionales, sino aquellos que trabajan con no profesionales: con niñas y niños, mayores, etc.

 

– ¿Tiene el teatro mucho que decir en la sociedad o es más bien al revés?

Augusto Boal, pedagogo y director de teatro brasileño, solía decir que el ciudadano no es aquel que vive en sociedad sino aquel que la transforma. Creo que esta afirmación tiene mucho que ver con la pregunta que planteas. Yo creo que ‘teatros’ hay tantos como creadores o grupos de personas haciendo teatro. 

El teatro que yo propongo tiene que ver con la escucha de la sociedad y con trabajar con distintos grupos dentro de la misma. No creo que sea ni mejor ni peor, creo que es una herramienta y una manera de entender el teatro. Incluso cuando trabajo por encargo como directora, por ejemplo esta temporada en ‘La cabeza del dragón’ en el Teatro Dramático Nacional donde no hay un trabajo con la comunidad sino con un elenco de actrices y actores, parto de las mismas herramientas teatrales, de la misma escucha, creo los mismos entornos con profesionales que con no profesionales. Entonces, me parece que ahí está la no distinción entre el mundo del teatro y el mundo de la sociedad.

Augusto Boal cuenta en su libro ‘Juegos para actores y no actores’ una cosa que me gusta mucho con respecto a este tema pero, como no quiero enrollarme, lo voy a dejar para la conferencia…

 

– En 2011 fundó The Cross Border Project un proyecto para nada al uso dentro del mundo de las artes escénicas y la cultura pero a la vez muy necesario. ¿Cuál diría que es la esencia de su compañía?

Creo que la esencia del Cross Brother y el valor añadido más concreto de la compañía es su versatilidad. Un día podemos estar trabajando con un grupo de no profesionales en un contexto muy diverso con características a las que nunca nos hayamos enfrentado y al día siguiente podemos estar realizando una función en el Teatro Español de Madrid o el El Teatro Lliure de Barcelona. Hay un nivel de adaptabilidad y de escucha a los contextos que es muy difícil encontrar en una compañía. Nuestra esencia de trabajo parte de escuchar un problema que existe y convocar a un grupo de personas diversas (profesionales y no profesionales) a trabajar sobre ello, preguntar y generar un producto creativo. De la misma forma, somos capaces de hacer ‘el arte por el arte’, aunque siempre con una finalidad social. Podemos crear un producto artístico profesional al tiempo que podemos trabajar en contextos muy determinados facilitando soluciones, mediación, encuentro… Estamos configurados por un perfil muy híbrido.

 

– Es usted una profesional polivalente, además de dramaturga y directora, dedica parte de su tiempo a la formación. Si le dieran a elegir, ¿podría elegir entre una de las mencionadas facetas?

Siendo sincera, lo que más me gusta en el mundo del teatro es dirigir. Creo que estar en una sala de ensayo es lo más parecido a estar en el parque, a ser niña y volver a fantasear con un montón de posibilidades donde nos creemos que las piedras y los palos son todo lo que queramos que sean. Amo escribir historias pero lo sufro bastante, amo más el proceso de investigación previa donde trabajo con la gente, entrevisto… Creo que mi trabajo como dramaturga tiene mucho de periodista y de antropóloga, me permite vivir vidas muy diferentes y me ha permitido estar en lugares increíbles desde Addis Ababa en Etiopía hasta Miami. La parte de la dramaturgia que más me gusta es esa, el proceso previo en el que recopilo todas esas historias y me encuentro con las personas. El tiempo yo sola delante del ordenador no lo paso bien, me hago bastante la loca.

Las formaciones también son una parte que adoro pero que tiene que ver con esa parte de la dramaturga que investiga. La formación me permite ir a lugares que no imaginaba, conocer a personas de perfiles muy distintos, esa formación que no es solo a profesionales de las artes escénicas sino que tiene que ver con generar y facilitar herramientas a personas muy diversas. 

A pesar de todo, mi favorita sin duda es dirigir, tanto a profesionales como a personas no profesionales. Es donde creo que existe mayor libertad, mayor juego y el mayor nivel de escucha en el aquí y ahora.

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